“El placer es una chispa, la felicidad es el fuego que perdura.”
A veces confundimos el fugaz placer momentáneo con la felicidad duradera. Disfrutar de un postre exquisito o de un reencuentro emotivo nos brinda destellos de alegría, pero la verdadera felicidad es un fuego interno que se alimenta de valores, propósitos y conexiones profundas.
Es como la diferencia entre encender una cerilla para iluminar un instante y mantener una hoguera encendida que calienta y reconforta durante toda la noche. La felicidad es esa lumbre constante que emana de un alma satisfecha, alimentada por la trascendencia y la gratitud.