“El bienestar se cultiva en el jardín de la aceptación.”
El bienestar, ese estado de sereno contentamiento, florece donde la aceptación ha echado raíces. Aceptar las circunstancias tal como son, sin resistencia ni juicio, nos libera de la carga del anhelo insaciable y del pesar por lo que no podemos cambiar.
Visualiza un río serpenteando a través de un paisaje. Su curso es dictado por la geografía, y fluye con gracia al aceptar las curvas y los desniveles. Resistirse a su curso solo genera turbulencia. De igual modo, cuando aceptamos nuestras limitaciones, nuestros errores pasados y la imperfección inherente a la vida, creamos un espacio interno de calma, permitiendo que la dicha se filtre suavemente.