“La dicha florece en el jardín del ahora.”
La dicha, esa flor efímera pero vibrante, no se cultiva en el terreno del pasado ni en la especulación del futuro. Encuentra su sol y su agua en el presente. Piensa en el simple acto de disfrutar una taza de té caliente en una mañana fría, o la risa contagiosa de un niño. Son instantes que, al ser plenamente vividos, nutren nuestra alma con una alegría pura, desprovista de la carga del ayer y la ansiedad del mañana.