“El placer se desvela en la apreciación de lo efímero.”
A menudo buscamos la felicidad en lo que creemos que será eterno, olvidando que gran parte de nuestro placer reside en la belleza de lo efímero.
Piensa en la fugacidad de un atardecer o en la delicadeza de una flor que solo vive un día. La verdadera dicha se despierta al saborear estos momentos transitorios, al reconocer su valor precisamente porque no durarán para siempre.
Es esta apreciación consciente la que transforma lo pasajero en una fuente inagotable de gozo, una chispa de bienestar que ilumina la memoria.