“La dicha es la flor que brota en el jardín de la autocompasión.”
La dicha, esa dulce floración del espíritu, solo puede arraigar y prosperar en el terreno fértil de la autocompasión. Es nutrirse con amabilidad, comprender las propias imperfecciones y celebrar los avances, por pequeños que sean. Un jardín cuidado con ternura es un lugar donde la felicidad puede florecer libremente.