“El deleite se encuentra en la apreciación de lo efímero.”
El deleite, esa exquisita sensación de placer, se intensifica cuando aprendemos a valorar lo efímero: la fugacidad de un atardecer, la fragilidad de una mariposa, la dulzura de un momento único. Es la chispa que enciende nuestra capacidad de asombro ante la transitoriedad de la belleza.