“La satisfacción florece al sembrar bondad.”
El bienestar más duradero emana de la generosidad desinteresada. Cuando cultivamos actos de amabilidad, cosechamos una profunda satisfacción personal.
Piensa en un árbol frondoso que da sombra y frutos; así es el alma que se dedica a nutrir a otros. No se trata de grandes gestos, sino de la constancia en el dar.
Esta dicha intrínseca es el fruto maduro de un espíritu compasivo, un regalo que nos hacemos a nosotros mismos al mejorar el mundo que nos rodea.