“Encuentra el regocijo en la quietud de lo efímero.”
A menudo buscamos la alegría en lo perdurable, pero el verdadero regocijo se esconde en la apreciación fugaz de un instante. Piensa en la sonrisa de un niño o en la luz del atardecer; su belleza reside en su transitoriedad, y en esa impermanencia hallamos una dicha inigualable.