“La dicha florece en la libertad de ser imperfecto.”
La búsqueda incesante de la perfección es el mayor obstáculo para nuestro regocijo. Aceptar nuestras fallas, aprender de nuestros errores y perdonarnos a nosotros mismos es un acto liberador. Es como permitir que las mariposas revoloteen en un jardín con alguna que otra flor marchita; la belleza reside en la totalidad, no en la ausencia de imperfección.