“La dicha no es una cumbre, sino el sendero de pequeños regocijos.”
La dicha no se encuentra esperando en un destino lejano, como si fuera un trofeo a conquistar. Es, más bien, la acumulación de instantes preciosos, esos pequeños destellos de gozo que jalonan nuestro camino. Piensa en la risa espontánea de un niño, en el aroma del café recién hecho por la mañana, o en la caricia del sol sobre tu piel. Cada uno de estos momentos es una migaja de dicha que, al ser saboreada plenamente, teje el tapiz de una vida plena de bienestar.