“La serenidad se cosechan en los surcos de la autocompasión, regados con el perdón a uno mismo.”
La serenidad se cosechan en los surcos de la autocompasión, regados con el perdón a uno mismo.
A menudo, somos nuestros propios críticos más severos, castigándonos por errores pasados. Sin embargo, la paz interior y la dicha duradera solo pueden germinar cuando nos tratamos con la misma amabilidad y comprensión que ofreceríamos a un amigo querido.
Piensa en una tierra que, tras una dura sequía, es irrigada suavemente. El perdón es ese riego para nuestra alma, y la autocompasión es la tierra fértil. Al perdonarnos por nuestras imperfecciones y reconocer nuestra humanidad, creamos un espacio para que la serenidad florezca y nos inunde con un profundo sentido de bienestar.
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- “La dicha se nutre de la valentía de soñar alto y de la humildad de apreciar cada peldaño del ascenso.”
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