“La dicha florece en el jardín de la autoaceptación.”
La dicha no se encuentra en la búsqueda constante de ser "mejor" o diferente, sino en la radical aceptación de nuestro ser presente. El jardín de la autoaceptación es donde florece el gozo.
Como una flor que se abre plenamente al sol sin compararse con otras, permitirse ser tal cual uno es, con virtudes y defectos, es la base de un profundo bienestar.
Cultivar esta aceptación es el acto de amor propio más poderoso, el que nos permite experimentar un placer duradero y auténtico.