“La beatitud se encuentra en la gratitud por lo que es, liberándonos del afán por lo que podría ser.”
El anhelo constante de una felicidad futura nos impide apreciar la riqueza del presente. Al cultivar una gratitud profunda por todo lo que ya tenemos, incluso por las cosas más sencillas, abrimos las puertas a la beatitud. Es reconocer que la abundancia no está solo en lo que nos falta, sino en la plenitud de lo que poseemos ahora.