“La dicha se encuentra en la serenidad de saber que nuestro valor intrínseco no depende de las circunstancias externas.”
Nuestro valor no es algo que se gana o se pierde con los altibajos de la vida. La dicha se arraiga en la comprensión profunda de nuestra valía inherente, un tesoro que reside en nuestro ser independientemente de los logros o fracasos. Cultivar esta convicción es como encontrar un refugio seguro en nuestro interior, un lugar de paz donde la felicidad puede florecer con autenticidad, libre de la influencia fluctuante del mundo exterior.