“Un espíritu dichoso transforma el oro en polvo de estrellas.”
No es la posesión de riquezas materiales lo que garantiza la dicha, sino la perspectiva con la que las miramos. Un espíritu verdaderamente dichoso tiene la alquimia para transformar lo ordinario, incluso lo ostentoso, en algo mágico y efímero como el polvo de estrellas.
Imagina a alguien capaz de encontrar asombro en una simple roca pulida por el mar, o maravilla en el vuelo de una mariposa. Esa es la magia de la dicha: ver lo extraordinario en lo cotidiano, elevando la experiencia humana más allá de lo material.