“El gozo se halla en la simple presencia, sin el afán de poseer.”
Desapegarse de la necesidad constante de acumular posesiones o de controlar cada resultado libera nuestra capacidad para experimentar el gozo puro. La presencia consciente es suficiente.
Como un observador tranquilo de un paisaje, la felicidad se encuentra en contemplar la belleza sin la necesidad de poseerla. El gozo reside en el simple acto de ser y experimentar.