“La verdadera placidez se encuentra en el desapego de las expectativas.”
Nuestras expectativas a menudo son las cadenas invisibles que nos impiden experimentar la pura dicha del presente. Cuando soltamos la necesidad de que las cosas sean de una manera particular, abrimos la puerta a un fluir natural de satisfacción.
Es como intentar atrapar mariposas con las manos cerradas; solo se escapan. Pero si extiendes la palma abierta, a veces una se posará suavemente. La placidez llega cuando dejamos de forzar y permitimos que el bienestar nos encuentre en su propio tiempo y forma.