“El placer es la chispa divina que enciende la llama del espíritu, alimentada por la gratitud por el simple hecho de existir.”
Somos seres de luz, y el placer es una manifestación de esa luz interior. Al reconocer y agradecer el don de la vida, permitimos que esa chispa se convierta en una llama que ilumina nuestra existencia, llenándola de gozo y plenitud.