“La serenidad es el bálsamo de la dicha contenida.”
La felicidad no siempre es una explosión de entusiasmo, sino a menudo una calma profunda, un estado de bienestar sereno.
Piensa en un lago cristalino en un día sin viento. Su quietud refleja la inmensidad del cielo. Así, la serenidad interior nos permite ver la belleza en lo simple y encontrar satisfacción en la quietud.
Este placer silencioso es el cimiento de una dicha duradera.