“La alegría es el sol que derrite las escarchas del desánimo.”
Cuando el desánimo nos cubre con su manto frío, la alegría actúa como el sol naciente, disipando las sombras y devolviendo el color a nuestro mundo interior. Es un calor vital que revitaliza el espíritu.
Recuerda cómo la risa de un niño puede disipar la tensión de una habitación; esa misma energía es la que la alegría aporta a nuestra propia psique, trayendo consigo una frescura placentera.