“La dicha es el arte de encontrar belleza en lo imperfecto.”
La búsqueda de una felicidad inmaculada y perfecta es una quimera. La verdadera dicha se esconde en la apreciación de las imperfecciones, en las grietas que dejan pasar la luz, en las cicatrices que cuentan historias.
Como las cerámicas japonesas Kintsugi, que reparan las roturas con oro, resaltando la historia del objeto, nuestra propia vida se enriquece al abrazar lo imperfecto. Allí, en esas sutilezas, reside un placer más profundo y auténtico.