“Contempla la dicha en la simplicidad, como un río que canta su verdad.”
La dicha no requiere magnificencia ni artificio. A menudo se desliza silenciosa en los detalles más sencillos: el calor del sol en la piel, el sabor de una fruta madura, la bondad de una mirada. Como un río que murmura, su verdad es pura y constante.