“La efímera felicidad es un relámpago; la dicha profunda, el trueno que resuena en el alma.”
Esta frase contrapone la fugacidad de ciertos momentos de alegría con la resonancia duradera de una felicidad más arraigada. La primera es un destello, la segunda, una vibración que perdura.
Visualiza un cielo nocturno. El relámpago cruza el cielo en un instante, deslumbrante pero breve. El trueno, en cambio, se escucha mucho después, su eco se propaga y se siente en todo el cuerpo. De igual manera, la dicha profunda no se limita a un solo instante, sino que es una vibración interna que se extiende, transformando nuestra percepción y nuestro bienestar a largo plazo.
La verdadera felicidad, como el trueno, deja una huella duradera.
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