“La dicha florece en el jardín de la gratitud.”
La gratitud es esa tierra fértil donde las semillas de la alegría germinan sin demora. Cuando cultivamos la apreciación por los pequeños milagros cotidianos, como el calor del sol en nuestra piel o una conversación sincera, nuestra alma se llena de un profundo bienestar. Es como si la vida, al ser reconocida y agradecida, respondiera con abundancia de gozo.