“El deleite se esconde en la sencillez de los gestos cotidianos.”
No necesitamos hazañas heroicas para experimentar el deleite. A menudo, se encuentra en los actos más sencillos: una conversación sincera, una caminata bajo la lluvia, compartir una comida en silencio. Es la capacidad de saborear la normalidad con una apreciación renovada.