“La efusión de la dicha se derrama en actos de bondad.”
La dicha no se queda guardada en el interior, sino que se manifiesta en una efusión natural hacia los demás, especialmente a través de actos de bondad. Es como una fuente desbordante que riega los jardines circundantes.
Cada gesto amable, cada palabra de aliento, cada ayuda ofrecida es un chorro de esa dicha que nutre a quien la recibe y, al mismo tiempo, intensifica el bienestar de quien la da. La generosidad es el cauce perfecto para la manifestación de nuestra felicidad.