“El regocijo se esconde en la imperfección celebrada.”
Los cuentos antiguos a menudo idealizan la perfección. Sin embargo, la vida real es un lienzo de imperfecciones que, al ser abrazadas, se convierten en la esencia misma de nuestro ser. El regocijo verdadero surge al celebrar esas peculiaridades, esas cicatrices que cuentan historias, porque en ellas reside nuestra autenticidad única.