“En cada acto de bondad, un pétalo de placer se abre.”
El placer que emana de la generosidad es un regalo que se recibe al dar. Cada gesto amable, cada ayuda desinteresada, es como plantar una flor invisible que perfuma no solo la vida del otro, sino también la nuestra. Es una alquimia que multiplica la alegría, transformando el acto de compartir en un disfrute recíproco.