“El gozo es el latido silencioso del alma que se reconoce.”
Cuando el alma se mira en el espejo de su propia esencia, irradia un gozo inefable. No es un ruido estruendoso, sino una vibración profunda, una conexión íntima. Es como la calma que sigue a una tormenta, donde el cielo se despeja y el espíritu se siente ligero y libre.