“Donde reside la ternura, florece la verdadera fortaleza.”
La dulzura y la compasión no son debilidades, sino la base de una resistencia inquebrantable. El afecto genuino nos empodera.
Piensa en un árbol antiguo. Sus ramas pueden parecer quebradizas, pero sus raíces, hundidas en la tierra con perseverancia, le otorgan una resistencia asombrosa. La ternura es esa raíz profunda del alma, que nutre la capacidad de soportar tormentas y seguir creciendo.
Un corazón que sabe dar y recibir cariño es un corazón que entiende la resiliencia. No necesita armaduras ni agresividad; su poder reside en la capacidad de sanar, de conectar y de levantarse con una gracia que desarma.