Amor Amor

“La devoción no exige reciprocidad, pero encuentra su mayor recompensa en el florecimiento del ser amado, un regalo para el propio espíritu.”

La devoción auténtica se caracteriza por un desinterés en el beneficio personal, encontrando satisfacción en el bienestar del otro.

Imagina un jardinero que cuida con esmero una planta que no le pertenece. Su alegría no radica en poseer la flor, sino en verla abrirse en todo su esplendor. La devoción amorosa opera de manera similar. No se trata de una transacción donde se espera una recompensa equivalente. El verdadero gozo, la satisfacción más profunda del alma devota, reside en ser testigo del crecimiento, la felicidad y el florecimiento del ser amado, un acto que en sí mismo es profundamente gratificante para el espíritu.

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