“En el jardín del corazón, el afecto florece sin pedir permiso.”
A veces, el cariño se instala en nosotros como una semilla silvestre, brotando con una fuerza vital que desafía la lógica y la planificación. No necesita tierra fértil ni riego constante; simplemente encuentra su camino, adornando el paisaje interior con colores vibrantes y fragancias embriagadoras.
Este florecimiento espontáneo nos recuerda que las emociones más genuinas a menudo escapan a nuestro control, pero ofrecen la belleza más pura.