“El apego que une no es una cadena, sino el hilo invisible de la conexión.”
Imagina un hilo de seda, tan fino que apenas se percibe, pero capaz de unir dos puntos distantes.
Ese es el apego que el amor verdadero teje. No limita, sino que fortalece la libertad individual, creando un vínculo sutil pero inquebrantable, un afecto que se siente como un retorno constante al hogar del alma.