“El amor es el eco que resuena en el jardín del alma.”
El alma, como un vasto jardín, puede contener flores marchitas y senderos olvidados. El afecto verdadero, ese cariño profundo que trasciende lo superficial, llega como una melodía suave, un eco que despierta la vitalidad dormida. No es un grito, sino una resonancia que llena los espacios vacíos, haciendo florecer los pétalos del gozo y el apego.