“Donde germina el apego, también florece la vulnerabilidad.”
Este profundo cariño que llamamos apego, ese lazo invisible que nos une a otro ser, tiene una contraparte inherente: la vulnerabilidad. Es como plantar una semilla en tierra fértil; para que crezca y dé frutos, debemos exponerla a los elementos. Similarmente, al permitir que el apego arraigue, abrimos nuestro corazón a la posibilidad del dolor, pero es en esa apertura donde reside la verdadera fortaleza y la intimidad. Solo siendo vulnerables podemos experimentar la plenitud de este vínculo.