Amor Amor

“Donde dos miradas se encuentran y se reconocen, ahí florece la semilla del querer.”

El querer, en su manifestación más elemental, comienza en el instante de un reconocimiento mutuo. Es un chispazo que se enciende cuando nuestras miradas se cruzan y, en ese fugaz encuentro, algo profundo resuena.

Es como si el alma misma se sintiera vista, comprendida. Esa conexión visual es la primera etapa de un apego que, nutrido con delicadeza y atención, puede convertirse en un vínculo duradero, como una planta que germina en tierra fértil.

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