Amor Amor

“El apego verdadero florece en la libertad, no en la posesión.”

El apego genuino, esa conexión que nos ancla y nos da seguridad, paradójicamente, se fortalece cuando no intentamos acaparar al otro. La verdadera posesión es la del espíritu, no la del cuerpo o la del tiempo.

Como un pájaro enjaulado que deja de cantar, el amor que se siente amenazado o limitado se marchita. En cambio, un amor que respeta la individualidad y otorga alas para volar, permite que las raíces se hundan más profundamente, creando un vínculo inquebrantable.

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