Amor Amor

“Donde florece la devoción, el tiempo se disuelve en eternidad.”

La devoción, ese apego inquebrantable que nace del amor, tiene el poder de transformar nuestra percepción del tiempo. Cuando el cariño se vuelve una entrega total, cada instante compartido se expande, y la fugacidad de los momentos se desvanece ante la magnitud del sentimiento. Piensa en un jardinero que cuida una rosa con esmero; para él, el tiempo que invierte no se mide en minutos, sino en la belleza que se despliega día tras día. De igual manera, el amor devoto crea su propia dimensión temporal.

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